Catarsis

Depósito sin combustible. Estación Catarsis: Pónganse cómodos, protéjanse de la fría y rutinaria realidad y sean cibertransportados a un subespacio donde reinan el blanco y el negro. Espero pasen una agradable estancia entre humo, acordes, reminiscencias, quimeras... y les animo participen de ella hasta que con algo de suerte puedan llegar a su destino o den con una estación más confortable.

16.11.05

"Flores Rotas" ("Broken Flowers")




Como sabréis, y supongo que muchos de vosotros habréis disfrutado ya de ella, podemos encontrar estos días en la cartelera el último título de Jim Jarmusch, gracias al cual se llevó el Gran Premio Del Jurado en la reciente edición del Festival de Cannes del presente año por su magnífico trabajo a la dirección. Merecidísimo reconocimiento en una de las, a mi parecer, llamadas a ser reclamadas películas del año.

Jamás había visto nunca una película con el sello de Jarmusch (sí, lo sé, imperdonable). Pero no dudé en remediar tal ignorancia tras leer algunas críticas y recomendaciones muy de su parte. La "excusa" perfecta, vaya. Así es que, el lunes, después de escribiros (me dirijo en plural por esto de la cantidad de gente que frecuenta este blog jejej...) las líneas de mi último post disfruté de una sesión de cine nocturno. Y no pude hacer mejor elección; cinco personas nos encontrábamos en la sala, ni una más, ni una menos. Joder, así da gusto, pareces estar en el sillón de tu propia casa pero disfrutando de la grandeza del cine en todo su esplendor. (Es una crítica y queden advertidos, aquellos que no la hayan visto no la lean).

Y con el tecleo de una máquina de escribir se inauguraba la noche. Los primeros planos nos muestran el recorrido que hace la misteriosa carta anónima sobre papel rosa desde su desconocido punto de partida hasta su destino: el barrio de Don Johnston (Bill Murray), del que, viendo dónde se aloja, adivininamos que se trata de un hombre con un alto nivel adquisitivo y a la vez intuimos que solitario, contrarrestando con la animada morada contigua de sus vecinos: una familia numerosa (cinco hijos llegué a contar) cuyo padre, Winston (Jeffrey Wright) se convertirá en un auténtico detective fascinado por la historia de la carta y que animará a Don a salir en busca de supuesto hijo, que acabará convirtiéndose en una búsqueda de sí mismo.

Pero no adelantemos acontecimientos. La historia se nos presenta así: Sherry (Julie Delpy), la amante de Don, prepara sus maletas mientras Don, irónicamente, ve un filme de Don Juan, aquello que él mismo fue en sus mejores años. Pero ahora todo es distinto, Sherry le exige compromisos y Don Johnston no parece siquiera planteárselo, así es que vuelve a encontrarse en estado de soltero, falto de afecto y con una vida social nula. En este punto, recibe la carta antes comentada, anónima, en papel y sobre rosas y sin posibilidad de reconocer la letra pues está escrita a máquina. En ella, supuestamente, una de sus antiguas amantes le comunica que tienen un hijo en común de 19 años que había salido en su busca.

Y se nos presenta un Don Johnston impasible, fatigado, que emprenderá un viaje animado por su vecino, quien le facilita toda la búsqueda: Don le proporciona los nombres de sus antiguas amantes y Winston se encarga de planificarle todo el viaje (hotel, mapas...), un retorno a su pasado que, según parece, ha trastocado su presente. Don llevará rosas a cada una de las mujeres (las cuatro que siguen con vida, pues una de ellas falleció, creo que se dijo que en un accidente de tráfico pero no me hagan mucho caso, he de volver a verla para quedarme esos detalles) e intentará encontrar alguna pista que le indique quién ha sido la emisora de tal misiva.

Y con una banda sonora estupenda y agradable, acompañamos a Don en un recorrido hacia su pasado, hacia las personas que un día lo fueron todo y de las que ahora sólo se conserva un vago recuerdo que, en cada caso, nos transmite un sentimiento distinto: nostalgia, odio, tristeza, dolor... Ello no hubiese sido lo mismo sin la brillante interpretación de las cuatro actrices que encarnan a sus antiguos romances: Laura (Sharon Stone), Dora (Frances Conroy), Carmen (Jessica Lange) y Penny (Tilda Swinton) (en el orden tal y como se presentan en el filme) y que nos acercan a la realidad y al entendimiento del personaje. Y es que cada una de ellas aporta un sentimiento distinto, por ello observamos vidas y reacciones muy diferentes pero al fin y al cabo, probablemente se encuentre un punto común en todas las historias: la soledad.

En este punto llega una escena muy emotiva: Don, abatido, con el ojo ensangrentado, pura personificación de la apatía y la desolación, visita la tumba de la quinta mujer, deposita las flores rosas sobre ella y rompe en lágrimas, consciente de lo que pudo haber sido su vida y testigo del cruel e injusticiero paso del tiempo.De vuelta a su barrio, tras no encontrar pista alguna que le aclare su situación, se topa con un chico de aproximadamente 19 años que parece (o tal vez desee que sea) su hijo.

Asistimos a otro gran momento; el chico le pide consejo a Don, quien, tras una reflexión condicionada por su reciente paseo nostálgico hacia su juventud, se da cuenta de que el pasado nunca vuelve y el futuro es incierto, por lo que lo único seguro que tenemos es el presente. Esta frase viene a decir mucho y tal vez resuma muy bien la esencia de la película. Don, convencido de que él es su hijo, le pregunta si cree que él es su padre, deseando realmente que su respuesta sea afirmativa, pero éste corre despavorido, y, con él, esa posibilidad, esa visión tan cercana que tuvo de una vida distinta, alejada de la soledad y la rutina, un sentido a su existencia. Vemos la desesperación en Don buscando en la mirada del chico del coche y ese travelling, la escena final, nos devuelve a los ojos de Murray, que nos lo dicen todo.


En fin, qué decir, una maravilla de película, emotiva, nostálgica... yo no la calificaría como comedia, aunque bien es cierto que tiene unos momentos entrañables e hilarantes o sino, ¿qué me dicen de la cena con Dora y su marido? Se respiraba ironía y humor, y Jarmusch conseguía hacerte sentir en la piel de Don. Con esos silencios, esos planos en los que recaía todo sobre el genial Murray que los consigue salvar de forma maestral... y es que no se echaban en falta palabras, sólo su presencia llenaba la pantalla. Leyendo más tarde curiosidades de la película, encontré que Jarmusch había escrito el personaje pensando en Murray. Y ya sabemos por qué, ¿no? No podría haber sido otro.

Y parece ser que nos van a obligar a dejarnos el presupuesto en el cine (y yo encantada, vamos... jejej). Y es que estamos de enhorabuena. Hoy mismo iré a ver la última de Woody Allen, "Match Point". Espero que no me defraude, y según respaldan algunas críticas, no lo hará. Prometo contarlo sino es mañana, esta semana sin falta.

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